domingo, 24 de enero de 2016

Ganamos mucho(s)

Nos pasamos la vida corriendo detrás de trenes 
sin convertir ninguno en estación, 
y así nos va. 
Viviendo a velocidades de vértigo 
y despeinando pestañas en días de lluvia. 

Pero lo que no sabemos es que 
la luz al final del túnel es un par de ojos
que te miren como si acabaran de inventar el mundo, 
como si un par de pasos 
fueran los necesarios para crear planetas
con un mar y cinco brazos. 

Hay puertas de madera que crujen más 
que las ganas de mirarnos las ruinas entre nosotros
y es que en tiempos de guerra
nadie se para a recoger miradas rotas del suelo.

Y ante tanta batalla perdida 
yo le desmonto el gatillo a tu pistola
para que descubras bañeras en las manos 
de mujeres que lo dieron todo por sus hijos 
sin saber que seguían vivos. 

Vendemos caricias como si un par de monedas
pudieran apenas llenarnos los abrazos, 
en un mercado en el que todo vale
si se adapta a los 4 vértices de un cuadrado
en el que se entra con las manos llenas
y la cabeza vacía,
como si algo. 

El truco está en no mancharse las manos
de mierda del otro, 
porque la tuya siempre huele mejor.
Y así nos va, 
poniéndole vallas al arte 
como si el corazón no se escapara ya 
de nosotros
buscando algo más que un par de urnas. 

Deberíamos bailarnos las creencias
como aquel que besa porque sí,
habla porque sí
y sonríe porque sabe que somos todo lo que queda después de una tormenta.
Tan sencillo como valorar a la gente que tienes cerca
abrazándote el desastre 
y sujetándote las ruinas desde abajo
mientras se queda a vivir en la canción de tu vida. 

Tan sencillo como respirar,
y quitar sombreros en vez de piel.

Porque si se trata de vivir o de morir,
yo me mancho las rodillas para quedarme a dormir en las aceras
que buscan que el más por más 
deje de ser un número rojo.

Dejamos el mundo en manos de gente
que todavía no ha descubierto la poesía como forma de vida
y que ni siquiera sabe lo que escribe su pueblo,
y sin embargo 
ahí están,
representándonos. 

Porque las columnas lloran cuando escuchan a la gente decir
que esto ya no es lo que era.
Y es cierto joder,
nosotros no somos los que éramos;
Porque sacamos las fuerzas de debajo de las piedras
para poder construir refugios
que nos salvaran de las burbujas
y de todo el sistema que viene detrás.

Y el suelo está cansado de recibir colillas 
que vienen de labios que no dejan de suspirar 
o pronunciar "que mira, que un día menos".

¿A qué coño estamos esperando?
Ya no quedan cigarros en los bolsillos de nadie,
pero sí ganas en las manos de muchos. 


Somos esa raza 
que inventó el arte en una de las caídas,
y que se guarda las lágrimas 
para recordarse siempre 
que qué está hecha. 

Porque si nos sangra la boca, 
sonreímos por los ojos,
y es así. 

Somos así.

Como arte en forma de seres humanos. 

Y ganas.
Muchas ganas. 

lunes, 19 de octubre de 2015

El desastre ha sido mío

Ella me cuida
cuando camino con los cordones desatados;
me pinta el suelo de azul
para que no se noten tanto las grietas
que vais dejando bajo vuestros pies.
No me gustan las mayúsculas para la vida
pero si te sientas a mi lado
te cuento lo importante que son los acentos
cuando ella no está.
Por no hablar de cómo
me devuelve el sombrero enfadada
cada vez que me arrodillo ante vuestras ruinas
en señal de respeto.
“Respeto mis cojones”, me susurra.
He visto cuchillos que cortan más
que todas sus corones juntas,
palacios bonitos en ojos ajenos
y cuerdas que aunque ellos digan que no,
son capaces de levantar
a todo el país entero.

Nos habéis hecho creer
que ya nacemos perforados ,
con banderas tapando heridas,
        
                                                            que no tenemos.
A veces necesitamos
estampar miradas contra un montón de basura
para comprobar a ciencia cierta
que no estábamos tan sucios,
y que llevamos prisa en las manos
y hienas naranjas en los ojos
que no entienden de guerras,
pero sí de libertades.

Que los superhéroes de España
ya no ofrecen el periódico por las mañanas,
pero siguen sirviéndote el café a las 6
con la mirada de punta,
la piel helada
Y un delantal que dice “Viva España”
y joder,
a esta distancia de las trincheras
cualquiera lo diría.

Que llevamos tiempo echándonos las manos a la cabeza
y ya no os cambiáis los trajes cada cuatro años
porque tenéis las manos ocupadas
cogiéndoos bien la polla,
con miedo a perder
esos huevos,
(que con todos mis respetos)
nunca tuvisteis.

Así que algo estaréis haciendo mal
si las campanas del “descanse en paz”
se han quedado en un
“llévame contigo cabrón”.

Perdimos la ilusión
cuando dejamos de tener un vestido para el domingo
y cuando los cuadros de nuestra falda
ya no parecían tan co-rectos.

Os digo una cosa,
vuestro alto al fuego
es el nuevo ceda al paso de la poesía de ahora .
Y en nuestra versión de guerra
sois vosotros los que os tiráis al suelo
hartos de tanta miseria.
Después de construir nuestras propias carreteras nacionales
nadie va a echar de menos vuestras estúpidas aceras.

Eso sí,


si vosotros perdéis cuentas,
yo os enseño mi hoguera encendida;
si señaláis nuestras pancartas,
yo os explico a qué hemos venido;
si señaláis mis bragas en el suelo,
yo señalo ese sistema al que llamáis democracia.

¿Lo veis?
Vuestro pueblo sabe hablar
y llevan en la voz una cartel que dice
“somos vuestra mejor pesadilla”.

A ver si entendéis
que el caos se lucha,
y no se siembra.

Así, que encantada.
El desastre

ha sido mío.

jueves, 15 de octubre de 2015

A cama o cruz

Lo cierto es que nunca me convertí en poeta
porque decidí buscarte en formato motivo
alrededor de tu cintura
y
encontré ruinas preciosas
justo en tu ombligo
donde construí
un refugio en caso de derrumbamiento.

Respirar en el vacío siempre resultó fácil
para aquellos que se miraban en tiempo real
y constante

                        mente.

No sabes
lo mucho que me gusta pasear por tu espalda
y descubrirte en cada lunar
mientras me cago en el hijo de la gran puta
que convirtió la libertad
en un sistema de cuerdas.
Y ya con los pies ardiendo
me siento en la alfombra
y planto orquídeas
de esas que no florecen
por si el color.

Tengo acueductos que quieren conectar
mis ciudades con tus manos
mientras jugamos a atarnos los cordones
y buscamos el tiempo
en cada rincón de nuestra cartera
                  

                          vacía.

Deberías saber que descansar en tus rodillas
suena igual de bien
que un grito de libertad
en plena guerra por la supervivencia.
                               .   .   .
Siempre son tres los puntos suspensivos
que llevan detrás las ganas
pero si me preguntan cuántos gatos azules
llegamos a tener en la cama,
contestaré:
“el mismo número que nos sacaron de ella”.

He visto que tus lágrimas
crean banderas mucho más bonitas
que las que nos representan.
Y más que plantarlas,
dan ganas de comerlas.

Que sigues sin enterarte de que
entre el sí y el no
yo me quedo con tus pestañas,
para crear panteras
que sólo veamos nosotros
en la almohada de las tres de la mañana.

Y el ejército de mariposas que llevo dentro
sigue pensando que volver a casa suena a algo así
como tus besos
en plena temporada de sequía.

Recuerda que con aviones de papel
no se conquistan países,
pero sí habitaciones vacías
donde la vergüenza se viste de negro
y asiste a su propio funeral.

Que si me pongo en tus zapatos
es para saber qué se siente al bailar
con esa sonrisa tuya,
y lo bonito que puede llegar a ser
el movimiento de tus ríos.

Lo cierto es que nunca me convertí en poeta
porque prefiero pintar paredes
con las manos de una niña
que todavía no ha aprendido a caminar.

En fin. 

Podemos elegir a cama o cruz
quién recoge el desastre de hoy,
pero yo prefiero contarte lo bonito que es doblar esquinas
y guardar tus camisetas en el armario.

Cama.
Cruz.
Cama.

Te toca llenarme las manos de tu mundo
y cuando llegue a entender el porqué de mis dedos,

te prometo
que brindaremos
por un fuera de juego


                                en tus mejillas.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Doce menos diez

Nos han vendido la felicidad de tantas maneras
que puedo probar aquí mismo 
la teoría poética de la relatividad
sin mancharme las manos.

No sólo eso. 

Nos han regalado la libertad con un lazo rojo
y mil disfraces que no son de nuestra talla
(no vaya a ser que nos dé por probarlos 
y sentirnos libres,
o sea 
humanos).

Prometen tanto a lo largo del día
que ya no saben que hacer con tanta bandera suelta.
Un pequeño consejo: clavároslas entre vosotros
a ver si así entendéis de una puta vez
el concepto de nación.
Por muchas puertas que abráis en nuestras venas,
no llegaréis a entender nunca 
el porqué de nuestra poesía.

Eso que les decís a los niños 
de los monstruos en el armario
es todo mentira, 
lo sabéis.
Porque mientras ellos abren
armarios vacíos 
no miran vuestros colmillos.

Y siempre pasa igual.


Qué más dará, digo yo
vivir arrodillados 
sobre el cadáver de nuestra vida
si es la única forma que tenemos 
de protegerla de vosotros.

Que estamos en buenas manos lo sabemos,
lo que no dicen es que vivimos encerrados en sus puños
y que caminan con el pie equivocado 
mirando a un horizonte que ellos mismos crean.
Y lo llaman "recuperación económica".
Y lo peor de todo es que se pasan veranos enteros
tejiendo nuestros guantes para el invierno,
no vaya a ser que tengamos frío 
y nos dé por pensar.

Yo sólo me siento libre cuando llueve mierda 
y les miro a ellos,
y sonrío;
sois unos necios si pensáis 
que podéis justificar esto en vuestra sección del telediario.
Apuntad bien ahí: somos más libres que todo esto.

Porque libertad es quemar vuestros escondites 
con una granada en la mano y una cerveza en la otra,
llegar a casa rendida y tumbarte en la cama con tu resaca,
que no deja de ser acostarse en su espalda
y levantarte en su cuello,
todavía con fuego en las manos.

Tenéis un pueblo que sabe lo que encierran las palabras
así que todas esas mantas que utilizáis para taparlas
no son más que un síntoma 
de vuestra ridícula existencia.

No (n)os engañéis.

Salir adelante, dicen
Os voy a explicar yo qué significa eso.
Salir adelante es sentirte perdida 
y hacer que llueva 
para que se tumbe en tus rodillas
y pueda llorarte sin tú darte cuenta.
Es escribir algo bonito sonriendo
y cagarme en la madre que os partió a todos
con la misma libertad que me quitáis con esas leyes de mierda

Apuntad bien ahí eh, no vaya a ser
que luego os falte argumento para vuestro cuento.

Que me he enamorado tres veces seguidas 
del desastre que lleva como mirada
y he plantado banderas en sitios de su cuerpo
que ni los médicos conocen.
Me he dejado llevar por el límite de sus caderas
y he descubierto continentes llenos 
de hormigas que le bailan al silencio.

He trabajado en la octava sección de su sonrisa 
porque de las otras siete 
ya se encargaba la poesía;
he compartido cama con sus miedos 
y me he reído más que con cualquiera de vuestros monólogos. 

He amado,
he retirado la manta de sus complejos 
y me han entrado unas ganas infinitas 
de crear el caos 
y destruir todo lo que os da la vida,
o sea
nada.

Me he encerrado en habitaciones de paredes blancas
para comprobar que la calidad de vida aún existe
y es independiente de cualquier gilipollas de turno.

Me he sentido sola y bien acompañada al mismo tiempo
y le he bailado a mi reloj por pararse
justo en el momento indicado.

Esto acabará explotando por los aires
y será bonito ver vuestras máscaras
volar entre tanta locura prefabricada
y yo os miraré estirándome del pelo
como una niña que no entiende de ideas
pero que se siente feliz con la autodestrucción. 

Cuando den las doce,
nos alejaremos de aquí 
perdiendo algo más que un zapato.

A ver si os enteráis de que cambiarse el color del pelo
es otra forma de prepararse para la guerra
Y que la caída del imperio romano fue solo el principio
de una revolución que no se escribe desde luego,
con vuestras asquerosas palabras

En fin, once cincuenta y nueve:

limpia toda esta mierda
que yo me mudo de injusticia;

me han dicho que en la del vecino,
cobran mejor.

viernes, 14 de agosto de 2015

Pero tú eso no lo sabes

Me gusta porque reza
de lunes
                       a domingo
creyendo sólo en el sofá de los sábados,
en la esquina del círculo que provoca
su cuerpo alrededor de mi alfombra
cuando todavía no ha empezado su canción.
Porque.
Sin entender el tiempo
consigue llenar mi reloj,
de la misma forma que esquiva cuchillos
y luego se sienta en el suelo
y comienza a encender velas
sin saber que el único ritual que existe
es la de su pelo sobre mi almohada
a las siete de la mañana.

Porque apunta pistolas con una cámara
y cualquiera desearía el suicidio,
joder
cuando se deja caer en la cama rendido
de tanto arte.

Yo también he jugado a ser sirena
en el vacío del fondo de su mar;
he sangrado en su boca,
y él sin saberlo.

He querido inventar aviones
sólo para estrellarme en su pecho
(y tú no lo sabes)

He querido salir del paréntesis
que forman sus heridas,
y he acabado viviendo (aquí).

Me conozco la red de carreteras
de su cintura
y lo bien que circulan mis ganas por ellas.

He buscado poesía en libros que no eran los suyos
hasta que tropecé un día con la literatura
de sus piernas.

(Pero tú,
eso,
No lo sabes).

domingo, 26 de julio de 2015

Que comience el espectáculo

Habéis intentado abrir nuestras cicatrices,
y brota una negra línea de rabia
camuflada en sangre azul
y falsa
como todos y cada uno 
de vuestros discursos.

Dos más dos dejaron de ser cinco 
cuando tuvimos que guardar la cordura sobrante
de cada noviembre en frascos pequeños
para alimentar a nuestros hijos en caso
de golpe de estómago,
o de Estado,
qué más da. 
Ambos vomitan y cagan por igual. 

No todo ladrón conoce de condiciones,
ni todo puente de suicidas,
pero no vais por mal camino 
si lo que queréis es hundir el país
en 80 días utilizando esta economía de mierda
por globo.

Nos habéis metido en burbujas para callarnos,
pero ya veis,
las calles aún recuerdan las voces de unos
y las muertes de otros tantos;
me apuesto el cuello 
a que ellas no perdonan.
Y este suelo está ardiendo.
De rabia. Inconformismo.
Y ganas de dejarse caer.
Y lo siento, pero la ley de gravedad
no obedece vuestra Constitución
(afortunadamente).

Nos habéis mentido
hasta hacernos formar parte de vuestro estúpido teatro.
Y lo que no sabéis es que si algo sobra en este país 
es buena literatura.

Tened cuidado la próxima vez 
que nos tapéis la boca con las manos 
porque llevamos fuego en la lengua 
y poesía en los dientes,
y alcohol de tantos grados como corruptos
en vuestro Congreso.

Acumuláis moscas y dinero
porque no sois más que un trozo de mierda con traje,
y menuda cagada la de llevar a Europa 
pegada al culo.
Pero eh,
hay poetas en este país para parar un tren
y vosotros sin saberlo.

Dejad de ajustar vuestras putas corbatas 
y agarraos bien los huevos
porque vamos a por vosotros,
con más ganas,
menos miramiento 

y la poesía más afilada
que nunca.